La llegada del AC75 supone un cambio importante respecto a los barcos en los que Trittel ha navegado hasta ahora, tanto por la tecnología como por la responsabilidad de controlar el vuelo. —¿Qué sentiste la primera vez que navegaste con el AC75? —Fue algo especial, porque no todos los días tienes la oportunidad de aprender a navegar en un barco nuevo. Rápidamente, esa emoción inicial da paso a querer ser lo mejor posible en este puesto. En el pasado, con el F50, GC32 y otros barcos, ya había volado. En el F50 me dedico a trimar las velas, mientras que aquí el trabajo es más híbrido. Todavía tenemos que definir exactamente cómo distribuimos las funciones, pero una de nuestras responsabilidades como trimers es también la de hacer volar el barco. —¿Cómo es la sensación al navegar a más de 40 nudos y controlar el vuelo? —Ha sido espectacular desde el primer día. La sensación de navegar a más de 40 nudos y tener en tus manos el control del pitch, mediante el rake del timón, y la altura de vuelo, con el flap, es impresionante. —¿Cuál es la principal diferencia respecto al AC40? —Hay muchos cambios, pero la mayor diferencia es que tienes tú el control del vuelo. Eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes, porque es una tarea que requiere muchísima concentración. Por ejemplo, parece que los italianos quieren cruzar desde Cerdeña hasta aquí volando. Si tienes que estar ocho horas controlando el barco, llega un momento en el que no puedes más; un piloto automático, en cambio, sí puede seguir trabajando. —Ahora toca acumular horas en el agua. —Sí, sin lugar a dudas. Se trata de evolucionar el barco, pero también de crecer nosotros como equipo, porque tenemos un potencial enorme. Vemos imágenes de nuestra posición y de cómo navegan otros equipos, cómo hacen las maniobras de presalida Luna Rossa y Team New Zealand, los únicos que habían navegado hasta ahora con el AC75, están a un nivel muy alto en las maniobras y en los giros. En el simulador nosotros también estamos consiguiendo hacerlo, y ahora hay que trasladarlo al agua...En el simulador todo funciona perfectamente, pero aquí habrá cosas que en algún momento no funcionen igual. —¿Hasta qué punto se parece el simulador a la realidad? —Todos los equipos intentamos que el simulador se parezca lo máximo posible a la realidad y estamos trabajando mucho en ello. Imagino que los demás también. Pero no hay nada como navegar en el agua. Creo que, pudiendo elegir entre pasar el invierno en Francia o venir aquí a acumular horas, como equipo hemos tomado una decisión muy acertada. Vamos a tener días muy productivos. —En el F50 todavía tienes algún cabo para trimar. ¿Cómo es pasar de los cabos a los botones? —En el F50 me queda un cabo y aquí ya no tengo ninguno. Es espectacular. Al final, la repetición te da soltura, pero cuando llegué por primera vez al simulador y vi la cantidad de botones que había, pensé: '¿Cómo voy a aprender primero qué hace cada botón y después cuándo tengo que utilizarlo?'. Pero, como en todo, es cuestión de repetición. Es como cuando ves el cockpit de un Fórmula 1 y te preguntas cómo pueden conducir un coche así. Al final, se trata de repetir y repetir. Lo mismo ocurre con la cabina de un avión, que puede tener cientos de botones. Tenemos la suerte de poder equivocarnos en el simulador. Cuando hayamos aprendido cómo funciona todo, iremos al agua sabiendo un poco lo que hacemos. Que después lo hagamos bien ya es otra cuestión. —¿Cuántos botones tienes que gestionar durante una regata? —En un barco convencional tienes la escota y después los sistemas que correspondan. Aquí ni siquiera tienes escota como tal. En el caso de la vela mayor, todavía tenemos que ver cómo distribuimos el trabajo, si lo hacen los cañas o los trimers. Pero, respondiendo a tu pregunta, calculo que tendremos entre 15 y 20 botones. Cuantos más, más divertido. Así que estoy encantado. —¿Ya sueñas con el AC75? —Todos estamos empezando a soñar con él. Es como esas pesadillas en las que tienes que hacer algo y no puedes gritar ni moverte. Pues lo mismo: sueñas que tienes que hacer que el barco vuele y no consigues hacerlo. Ya hemos tenido algunas conversaciones sobre esas pequeñas pesadillas. —¿Diego Botín ha definido el barco como una nave espacial. ¿Qué es para ti el AC75? —Sí, se parece mucho a una nave espacial. Te sientas en el cockpit, ves todos los botones y te preguntas dónde te has metido. Y cuando el barco despega, la sensación es espectacular. Ya en la base, cuando lo enciendes, escuchas la bomba y el motor en funcionamiento. Piensas: 'Esto es con el barco parado'. Después, cuando navegas, llevamos los cascos y no escuchamos todos los ruidos, pero sigue siendo impresionante. Si pudiéramos meternos dentro del barco para controlar los sistemas y escuchar lo que sucede, incluso navegando en línea recta, sería brutal. Es una nave. —¿Impone navegar este barco? —Todavía no he navegado con 20 nudos de viento y tengo ganas de ver cómo será ese primer día. Hay que ser consciente de los riesgos. Si se rompe la cadena de transmisión del timón en un momento complicado, puedes tener un accidente serio. Son cosas que sabes que pueden pasar y que debes tener presentes.
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