Tras las primeras pruebas, el equipo francés trabaja para mejorar la fiabilidad de sus sistemas, optimizar el uso de la energía y reducir distancias con los principales favoritos, Team New Zealand y Luna Rossa. Botín analiza las diferencias con SailGP, la complejidad del nuevo barco y las posibilidades de un proyecto. —¿Qué supone para ti navegar en un barco como el La Roche-Posay? —Es un barco súper complejo. El simple hecho de navegar en él supone un esfuerzo inimaginable de mucha gente. Conseguir que todo funcione ya es un éxito. Durante este invierno tenemos que mejorar los sistemas y hacer que funcionen correctamente. Una parte fundamental es la gestión de la energía, porque estamos limitados. Tenemos cuatro baterías que proporcionan un máximo de 3.000 vatios y, si consumes mucha energía al principio de la regata, esta se va reduciendo a medida que avanzas. Por eso, el desarrollo de los sistemas va a ser una de nuestras prioridades. —¿Cómo describirías la sensación de navegar en un AC75? —Es como ir en una nave espacial. También parece una ballena que vuela sobre el mar, con una tecnología que te deja alucinado. Estamos acostumbrados a navegar en barcos mucho más pequeños, reactivos y sencillos. Aquí tienes un volante y un montón de botones para ajustar pequeños detalles del trimado. Es una locura. Por eso pasamos tanto tiempo en el simulador, entrenándonos. Sino sería imposible subirte un día a este barco y navegarlo, pero hacerlo bien exige muchísimo aprendizaje. Lo más impresionante es su componente tecnológico. —¿Qué diferencias encuentras respecto a los F50 de SailGP? —Hay similitudes en la filosofía de navegación, pero también diferencias importantes. El F50 tiene dos timones, mientras que aquí tenemos uno, más pequeño en relación con los foils. Eso hace que el control del cabeceo sea algo más complejo en el AC75. Además, en el F50 se mueve el foil entero, hacia delante y hacia atrás, mientras que aquí se actúa sobre un flap. El AC75 es más grande y estable, mientras que el F50 es más parecido a un kart. A cambio, este barco tiene muchos más sistemas y es bastante más complejo. Son barcos distintos, aunque la filosofía de control tiene puntos en común. —¿Cómo recuerdas la primera vez que cogiste la caña del AC75? —Fue un día especial. Las condiciones no eran fáciles: había bastante ola y viento. Era la primera vez que me encontraba con un barco con tantas posibilidades de ajuste y todavía no tenía claro qué debía tocar, cuánto tenía que mover cada elemento o cómo iba a reaccionar. Estamos acostumbrados a trabajar con cabos y aquí accionamos cilindros hidráulicos. Mentalmente fue una locura. Además, cogí el barco justo al salir de una trasluchada, probablemente uno de los momentos más complicados. El barco iba de todo menos estable, pero en algún sitio hay que empezar. A partir de ahí, conforme vas adquiriendo sensaciones, las trasladamos al simulador y estamos avanzando bastante rápido. —¿Qué importancia tiene haber sido uno de los primeros equipos en poner el barco en el agua en Nápoles? —Es importante acostumbrarse al lugar y conseguir que todo el equipo se sienta cómodo. La operación para poner un barco de estas características en el agua es enorme. Probablemente, para tenerlo aquí hoy, hay gente que ha empezado a trabajar a las seis y media de la mañana. Llegar pronto nos permite repetir los procesos, ser más eficientes y conocer las aguas. También podemos empezar antes a trabajar en la fiabilidad del barco y de sus sistemas. Todo eso nos puede dar una ventaja. —¿Os veis con posibilidades de acercaos a Luna Rossa y Team New Zealand? —Nos sentimos donde queremos estar y estamos muy agradecidos. También nos ha sorprendido positivamente cómo trabaja el equipo francés y lo cómodos que nos sentimos aquí. Sabemos que estamos por detrás de equipos como Luna Rossa y Team New Zealand, que vienen de la Copa anterior y no han dejado de trabajar. Se nota que están avanzados cuando ves cómo navegan sus barcos. Pero creemos que tenemos potencial para llegar lejos. No sabemos hasta dónde, porque ganarles será muy difícil, pero tenemos esperanza y vamos a trabajar duro este invierno para ello.
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