Barcelona volverá a mirar al mar desde una de sus estampas más elegantes. El Real Club Náutico de Barcelona abre sus puertas en una de las grandes citas del calendario, la Puig Vela Clàssica Barcelona, que del 9 al 11 de julio reúne a más de 45 embarcaciones de época y clásicas. La regata, que tiene como sede el Real Club Náutico de Barcelona, convertirá un año más la ciudad condal en un escenario en el que se dan la mano la competición, el patrimonio marítimo y el estilo de vida mediterráneo. Con salidas previstas este jueves a partir de las 13.00 horas y con final el próximo sábado día 11 de julio. En esta edición volverán a coincidir en el agua embarcaciones que forman parte del gran relato de la náutica clásica internacional, auténticas piezas vivas de la historia marítima. Uno de los nombres más evocadores es el del Manitou, un balandro botado en 1937 y conocido como la «Casa Blanca flotante» después de convertirse en el refugio predilecto de John F. Kennedy en los años más delicados de la Guerra Fría. Diseñado por Sparkman & Stephens y construido por el astillero M.M. Davis & Son, el barco ya había escrito su propia página deportiva mucho antes de entrar en la historia política, al imponerse en la Chicago-Mackinac Race apenas un año después de su botadura. No menos singular es la trayectoria del Eilean, el ketch escocés de 1936 diseñado por William Fife III, cuya silueta quedó inmortalizada en 1982 al aparecer en el videoclip de Rio, de Duran Duran. Tras aquellos años de fama, la embarcación vivió una larga etapa de abandono que la llevó a quedar varada en Antigua, deteriorada y sin uno de sus mástiles. Su rescate llegó en 2006, cuando el entonces consejero delegado de Panerai impulsó una restauración integral que permitió devolverla al mar en 2009. Hoy, el Eilean es uno de los grandes iconos de la recuperación del patrimonio marítimo europeo. La Puig Vela Clàssica trasciende, en cualquier caso, la pura competición. Durante estos días, Barcelona se convierte en uno de los mejores balcones del Mediterráneo para contemplar una flota irrepetible. La Barceloneta, el Port Vell, el Port Olímpic o el entorno del Maremàgnum ofrecerán una panorámica privilegiada para seguir la evolución de los barcos sin necesidad de embarcar, en una combinación poco habitual de deporte, elegancia y memoria naval.
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