María Torrijo: «La tecnología ayuda, pero todavía dependemos del ojo humano»

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    María Torrijo es una de las oficiales de regata más reconocidas del circuito internacional. Presidenta del Comité de Regatas de las 52 Super Series y habitual en grandes campeonatos de vela olímpica y profesional, la alicantina analiza cómo ha evolucionado la gestión de las regatas con la llegada de la tecnología, el aumento del nivel profesional y los nuevos formatos de competición. —¿Cómo fue esta edición de las 52 Super Series en Puerto Portals? —Este año fue un poco más complicada porque tenemos 14 barcos, y eso cambia mucho las regatas. Son barcos que navegan prácticamente a la misma velocidad y llegan muy juntos a todas las boyas. Tengo que ir jugando constantemente con los recorridos para evitar precisamente eso. Estamos haciendo primeras ceñidas más largas y luego recortando el recorrido. Las regatas tienen que durar entre 50 y 55 minutos, así que hay que ir ajustando continuamente. —La línea de salida impresiona. —Muchísimo. Estamos haciendo líneas de más de 400 metros. Cuando ves a los 14 TP52 alineados es espectacular. Menos mal que son barcos grandes y los distingo bien. Aunque sean teóricamente iguales, luego cada barco está optimizado para unas condiciones diferentes: unos funcionan mejor con poco viento y otros con más presión. —En las 52 Super Series sigue sin haber barco español, pero sí muchísimos regatistas españoles repartidos por la flota. —Sí, y eso demuestra el nivel que tiene la vela española. Aquí no hay un equipo español como tal, pero sí muchísimos españoles navegando, además de otros tantos trabajando en equipos de tierra. Estos circuitos permiten que mucha gente pueda dedicarse profesionalmente a la vela durante muchos años. —La tecnología ha cambiado mucho su trabajo. —Muchísimo. Antes, cuando cambiaba el viento, mover una línea de salida era una operación lenta y complicada. Había que levantar fondeos, recolocar las boyas y esperar. Ahora, con las balizas robóticas, en 30 segundos puedes mover una boya y volver a dar una salida. Eso mejora muchísimo la calidad de la regata y reduce los tiempos muertos. —Eso mejora también la calidad de la regata —Claro. Antes a veces pensabas: «Por cinco grados no voy a mover la ceñida». Ahora sí puedes hacerlo y afinar mucho más el campo. —Incluso tuvieron algún susto durante la semana. —Sí, un barco volcó una de las balizas de llegada. Nos preocupó porque toda la electrónica estaba empapada de agua salada, pero funcionó perfectamente al día siguiente. La verdad es que estas boyas están dando muy buen resultado. —¿Cómo ha cambiado vuestro trabajo con las boyas robóticas? —Muchísimo. Antes mover una línea de salida era lentísimo porque había que levantar fondeos y volver a posicionar todo. Ahora mueves una boya en segundos. —También se está introduciendo cada vez más el sistema Vakaros para controlar las salidas. —Sí, aunque en esta clase todavía estamos en fase de pruebas. El problema es que estos barcos tienen muchísimo carbono en velas, mástiles y estructura, y eso afecta a la precisión de las posiciones. En vela ligera o en clases como J80 funciona muy bien, pero aquí todavía seguimos dependiendo mucho del ojo humano. Estoy convencida de que en poco tiempo funcionará al cien por cien. —O sea, que sigue mandando el ojo del comité. —Sí, para bien o para mal todavía sigue siendo mi ojo el que decide quién está fuera de línea. Aunque la tecnología ayuda muchísimo, sobre todo con los drones y las retransmisiones, que luego nos permiten analizar errores y mejorar. — Ha sido comité de regatas de vela ligera, vela olímpica y grandes circuitos profesionales. ¿Qué le aporta cada uno? — Cada uno tiene algo especial. La vela ligera y olímpica tiene mucha emoción y mucha intensidad humana; los circuitos profesionales son un reto organizativo y técnico. Al final aprendes de todos. —También ha trabajado en Juegos Olímpicos, Copa América, 44Cup… ¿Qué diferencias encuentra? —La Copa América es un mundo aparte. Muy profesional, pero completamente diferente. Y los Juegos Olímpicos tienen una parte emocional enorme. Ves a regatistas muy jóvenes jugándose prácticamente su futuro en una medalla. Intentas hacerlo lo mejor posible porque sabes lo que significa para ellos. — No estuvo en París y tampoco estará en Los Ángeles. —Así es, porque mi marido (el también juez Miguel Allen), trabaja como asesor de reglamento para varios equipos y existe un conflicto de interés. Había que decidir cual de los dos iba, y al final optamos porque fuera Miguel. —Muchos de esos olímpicos terminan después en circuitos profesionales como éste. —Claro. Aquí hay muchísimos medallistas olímpicos, ya no solo navegando, también como entrenadores o en equipos de tierra. Estos circuitos permiten que mucha gente pueda seguir viviendo profesionalmente de la vela. —Este año además viene de trabajar también en PalmaVela. —Sí, estuve en el Real Club Náutico dePalma antes de venir a Puerto Portals y fue muy bonito reencontrarme con mucha gente con la que llevo trabajando décadas. —¿Le sigue haciendo ilusión coincidir con nombres históricos de la vela española? —Muchísima. Regatistas como Luis Doreste o Domingo Manrique son personas muy especiales para mí. Hemos compartido muchísimos años de regatas y siempre es bonito volver a coincidir. —También hay una relación de respeto mutuo entre regatistas y comité. —Sí, porque cuando llevas más de veinte años trabajando con la misma gente, ellos saben perfectamente cómo eres. Un día pensarán que perjudicas a uno y otro día a otro, pero entienden que intentas ser justa siempre. —¿Ha cambiado también la media de edad? —Muchísimo. Hasta hace poco yo, con 51 años, estaba por debajo de la media de edad de la flota, lo cual era una locura. Pero ahora han entrado muchos jóvenes y eso es muy bueno para el futuro de la clase. —También están cambiando mucho los formatos olímpicos. —Sí, se busca que las finales tengan más emoción y sean más fáciles de entender para el público y la televisión. Antes había situaciones en las que algún barco ni siquiera salía la última regata porque ya tenía el campeonato ganado. Ahora se intenta que todo llegue más abierto hasta el final. Entiendo perfectamente el objetivo. Se busca más emoción y que todo llegue más abierto al final. —En la vela sigue existiendo esa convivencia entre regatistas, árbitros y periodistas que en otros deportes es impensable. —Sí, y creo que es una de las cosas bonitas de este deporte. Después de regatear puedes estar tomando algo con los regatistas y escuchar cómo han vivido ellos el día. A mí eso me ayuda muchísimo para mejorar como oficial. Sí, en la vela regatistas, entrenadores, jueces y periodistas compartimos espacios con total naturalidad. —Eso sería imposible en deportes como el fútbol. —Totalmente. Aquí puedes estar tomando algo con un regatista después de penalizarle en el agua y no pasa nada. —¿Ese contacto ayuda también al comité? —Mucho. Escuchar cómo han vivido ellos la jornada me ayuda a mejorar decisiones para el día siguiente. —Y Palma sigue siendo un reto. —Siempre. La bahía es enorme y cada día la pregunta es: «¿Dónde vamos hoy?». Hay que encontrar el rincón adecuado para navegar. Eso es probablemente lo más difícil aquí, pero Palma nunca defrauda.

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