Las intensas lluvias provocadas por la borrasca Leonardo pusieron a prueba la capacidad de respuesta de la Bahía de Cádiz frente a episodios meteorológicos extremos. Inundaciones, desbordamientos y suelos saturados formaron parte del escenario que vivieron hace unos días las localidades de Jerez de la Frontera y El Puerto de Santa María. Sin embargo, en medio de esta situación crítica, un aliado silencioso demostró su valor de forma incontestable: las marismas del Parque Natural Bahía de Cádiz, y en particular las marismas del río Guadalete. Estos espacios naturales absorvieron millones de metros cúbicos de agua dulce, en volúmenes nunca antes registrados, amortiguando al mismo tiempo el impacto de las mareas vivas asociadas a este episodio de lluvias persistentes. Su comportamiento confirma una vez más su papel como auténticos 'tanques de tormenta naturales', capaces de regular los excesos hídricos y reducir el riesgo de inundaciones en los núcleos urbanos colindantes. Las marismas, los esteros y las antiguas salinas funcionan como gigantescas esponjas. Son grandes superficies inundables que almacenan el agua cuando el sistema se ve sobrepasado y la liberan de forma progresiva, evitando que los caudales se concentren de manera brusca en ríos, canales y zonas habitadas. Este servicio ecosistémico, a menudo invisible para la ciudadanía, resulta hoy más evidente que nunca. La situación actual demuestra que la conservación de estos espacios no es solo una cuestión ambiental, sino también una inversión directa en seguridad y bienestar social. Allí donde las marismas se han mantenido funcionales, el territorio resiste mejor los episodios extremos. Allí donde han sido degradadas, rellenadas o desconectadas de su dinámica natural, los daños se multiplican. Por ello, expertos y entidades ambientales insisten en la necesidad de conservar, renaturalizar y restaurar marismas, esteros y salinas. No solo para proteger la biodiversidad, sino para adaptarnos a un contexto de anomalías meteorológicas y climáticas cada vez más frecuentes e intensas, en el que estos sistemas naturales actúan como infraestructuras verdes de primer orden. El ambientólogo, presidente de la ONGSalarte y biólogo marino del restaurante Aponiente de Ángel León, Juan Martín Bermúdez, es uno de los mayores estudiosos y conocedores de las marinas del Guadalete. Martín Bermúdez explica que «hemos vivido una auténtica tormenta perfecta: desembalses extraordinarios, lluvias intensas y pleamares vivas que actuaban como un tapón en la desembocadura del río» y que «la conservación de estos espacios no es un capricho ambiental. Son despensas, depuradoras y auténticos salvavidas que garantizan la calidad de vida y de toda la zona». Las marismas del Guadalete están actuando como un sistema natural de defensa frente a las inundaciones: «Están funcionando como verdaderos colchones gigantescos, como gigantescas esponjas de agua que están absorbiendo toda esa energía torrencial… y, cuando baje la marea, se vaciarán perfectamente, reduciendo el impacto y permitiendo que las ciudad no se inunde». Añade que la conservación de la marisma no es una opción ni un capricho, sino algo fundamental «para la supervivencia de las casas y de los propios ciudadanos, para la mejora de la salud y de la calidad de vida de todas las personas». Y subraya que estamos ante «un desafío global: tenemos que conservar las marismas. Tenemos que conservar la naturaleza porque son nuestros mejores aliados y de nuestra propia supervivencia», afirma Martín. Las marismas del Parque Natural Bahía de Cádiz están cumpliendo hoy una función esencial. Cuidarlas y devolverles su espacio no es solo una obligación ambiental, sino una lección aprendida frente a un clima que ya ha cambiado.
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